¿Qué hacer con el pegalón del salón?

En todos los salones de clases está el niño introvertido, el hiperactivo, el distraído, el bien portado, el platicador y por supuesto “el pegalón”. Ya de entrada suele ser frustrante tanto para los niños como sus padres cargar con una etiqueta que suele surgir en el kínder y durar hasta la preparatoria. Aun así nos resulta muy difícil a los seres humanos no organizar todo en categorías, desde objetos hasta personas, sin afán de hacer daño al otro sólo porque así funciona nuestro cerebro.

¿Qué hacemos entonces? quizás sería demasiado pedir dejar de ponerle adjetivos, cualidades y estereotipos a las personas y a los niños, pero creo que podemos empezar por tratar de entender su conducta en lugar de juzgarla.

El niño pegalón del salón normalmente es rechazado por los demás padres, aislado por la agresión que descarga sobre sus hijos y como un instinto de protección. Los adultos solemos poner calificativos dañinos como “ese niño es malo, no te juntes con él” “seguramente tiene problemas en su casa” “no lo saben controlar” “¡qué pasa con los padres!” para tratar de entenderlo hacemos historias en la cabeza sobre su actitud y familia sin saber absolutamente nada en realidad.

Algunos papás que se encuentran ante un niño pegalón en el salón me preguntan si deben cambiarlo de grupo, de mesa e incluso dejar de ir a las fiestas donde se encuentra el niño que les causa problema pero definitivamente no me parece una buena solución, sobre todo cuando los niños son menores a los 10 años (posteriormente explicaré el por qué). Cuando los niños son pequeños deben adquirir herramientas sociales y una de ellas es enfrentarse con personas agresivas, que las hay en todo el mundo, todos los días y si no aprendemos a lidiar con ellas tarde o temprano nos fastidiarán la vida.

Si tu hijo tiene un compañero pegalón enséñale a manejarlo y a defenderse. Defenderse no es igual a pegarle de regreso pues entonces estará teniendo el mismo comportamiento del que tanto te quejas y le estarás mandando un mensaje muy confuso.

Tu hijo ante la agresión debe ser firme, en un tono de voz alto decirle al niño “no me pegues, me duele y no me gusta” y después alejarse, pero solo mientras el niño pegalón controla su enojo, después pueden volver a jugar. De esta forma le estás enseñando que debe poner límites pero no es necesario rechazar a un niño que NO ES MALO sino está aprendiendo a controlar sus impulsos. Cuando no funciona poner límites siempre debes enseñarle a tu hijo a acudir con un adulto, eso no es ser chismoso, es aprender a pedir ayuda, una herramienta social también muy importante.

Después de los 10 años la situación es diferente, pues un niño agresivo puede causar mucho daño físico y emocional a otro niño. En este caso lo mejor que puedes hacer es enseñarle las mismas herramientas a tu hijo pero si no funcionan te recomiendo hablarlo directamente con los directivos de la escuela e intentar poner una solución juntos.

Lo más importante es no catalogar al niño como “malo” sino entender que su conducta tiene un origen emocional y muchas veces sufre más el niño “pegalón” y sus padres que los demás. Debemos considerar la escuela como una comunidad de apoyo y tratar de ayudarnos unos a otros, finalmente ¿qué familia está exenta de problemas? pero estos se manifiestan de formas diferentes y nos gustaría que si nuestro hijo pasa por una crisis los demás padres y compañeros nos apoyaran en lugar de criticarnos y segregarnos.

Al final a todos nos conviene que el niño “pegalón” crezca mentalmente sano para que la comunidad y la sociedad se beneficie. Si participamos en la solución del problema en lugar de agregarnos a él estaremos aportando mucho más.

Si has estado en una situación similar me encantaría me contaras tu experiencia y cómo lo resolvieron, sabes que me encanta conocer tu opinión.

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4 Comments

  1. Hace un par de semanas un compañero de escuela de mi hijo lo mordió en el brazo. Aún cuando uno se esfuerza por no poner etiquetas, la ctitud de los padres habla del comportamiento del niño. Nos llamaron por teléfono a ambos al momento del suceso y el padre del niño se negó a presentarse, diciendo que estaba trabajando y no podía dejar el trabajo sólo por eso. En ese momento entendí la conducta del niño. Finalmente se presentó unas 4 botas después y lo que mi hijo obtuvo fue una disculpa que a todas luces no era sincera. El niño jamás demostró pena, arrepentimiento, empatía, vamos… algo de vergüenza. Y al papá tampoco parecía preocuparle mucho. Así las cosas… cómo no colocar etiquetas si lo que se ve no se juzga!

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